Oruga procesionaria

La oruga procesionaria

La oruga procesionaria se organiza como un ejército y tiene un único objetivo: sobrevivir para reconvertirse en una mariposa. Observan, asedian, atacan y arrasan. Por ese orden. De esa manera empieza una carrera a vida o muerte contra las especies depredadoras de las que huyen ―aves o murciélagos― y contra las inclemencias meteorológicas, y aprovechan el buen tiempo ―generalmente primavera― para hacer su aparición, bajar de los árboles de cuyas hojas se han alimentado ―principalmente pinos, aunque también cedros y abetos―, llegar al suelo y buscar un sitio idóneo para enterrarse. Ahí, ya en verano, las crisálidas que forman eclosionan y salen convertidas en mariposa, dispuestas a iniciar de nuevo el ciclo de la vida. Este año, sin embargo, han hecho su aparición antes de tiempo. Parques y jardines se han visto invadidos por estos insectos con un alto nivel urticario con consecuencias que pueden ser nefastas en niños y animales.

Los inviernos suaves y los otoños secos son idóneos para ellas. Llevamos muchas décadas estudiándolas, pero se adaptan perfectamente a los ecosistemas y además están modificando su biología. Antes, por ejemplo, era muy raro verlas a más de 400 metros de altura y, ahora, sobreviven perfectamente a 1.600. Las altas temperaturas han facilitado que suban más alto. De hecho, eran propias del clima mediterráneo, por lo no se las veía “más allá de Francia”. Ahora las sufren también en Bélgica o la misma Suiza.

Lo peligroso son los pelos urticantes de su piel. Es más, la procesionaria tiene cinco mudas y la reacción que provocan no es la misma con todas. A partir de la segunda o la tercera, es decir, cuando tienen ya tienen un color amarillento o anaranjado y han engordado algo, es cuando hay que tener cuidado con ellas. Lo cierto es que, cuando están enterradas y forman una crisálida, la capa exterior también tiene también pelos, pero es menos preocupante porque es mucho más difícil dar con ellas.

En los seres humanos, especialmente en los niños, pueden provocar una irritación en ojos, oídos, nariz… en definitiva, una fuerte reacción alérgica. Y en animales como perros y gatos puede llegar a ser letal. Si la huelen o chupan, se les hincha la lengua, la boca, el esófago y el estómago y hasta se les puede caer la lengua por necrosis si no se alerta de inmediato. De hecho, pueden llegar a morir.

Su comportamiento va en función de la meteorología. En verano se pueden quedar enterradas y salir en otro momento. Están muy adaptadas y siempre van a intentar burlar el control. Es una lucha complicada, al final se trata de que podamos convivir y no nos molestemos mutuamente. De hecho, en zonas forestales, forman parte del ecosistema y no tiene la misma importancia que en zonas urbanas ya que son el alimento de algunos animales.

Hay diferentes maneras de tratarla. Por un lado, se emplean las trampas de feromonas para atrapar a las mariposas machos y acabar con el ciclo de reproducción. Este sistema se utiliza en verano. Además, se analiza cómo funciona el experimento de colocación de anillos trampa en los árboles, para evitar que las orugas desciendan al suelo y se entierren, impidiendo que se conviertan en mariposas y pongan de nuevo huevos.

La normativa prohíbe fumigar en entornos urbanos para proteger la salud de los ciudadanos y evitar los efectos negativos para el medioambiente. Hasta febrero de 2019, la legislación nacional (Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura) no autorizaba la utilización de productos fitosanitarios para controlar la presencia de esta especie, si bien la normativa vigente permite emplear el método de la endoterapia, que implica inyectar en el tronco de algunos árboles la sustancia para que llegue a las hojas de las que se alimentan las larvas y mueran. De esta forma se eliminan los riesgos para el entorno y la salud.

¿Y si qué pasa si las pisamos para acabar con ellas? Tampoco es muy efectivo porque corres el peligro de que te suelte pelito, tienen pliegues en el lomo y es una manera que tienen de protegerse. Hay poco remedio, lo mejor es apartarse.

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